Al sistema le importa un c*rajo el niño de la calle según Alfredo Moffatt

Quiero inaugurar éste blog, con un articulo que leí hace muchos años en E’a.

La verdad que antes y después de leer éste articulo nunca supe realmente quién es Alfredo Moffatt, pero me cambió para siempre la forma de ver las cosas y juzgar a las personas con condiciones diferentes a las mias.

Era el argumento que necesitaba para poder expresar un sentimiento que siempre tenia, pero no sabia darle las palabras.

Una vez escuché la frase «a nadie le gusta el socialismo, pero a tod@s nos encanta socializar las culpas» y esa es una de las cosas que más me molesta cuando personas, bien acomodadas y con muchos privilegios (en comparación a la media) juzga a las personas (en situación de calle por ejemplo) como si fuera su par, como si fuera su vecin@ o su compañer@ de colegio, sin tener minimamente en cuenta que esa persona, tiene una psicologia y una cosmovisión TOTALMENTE distinta a la propia.

Pero ya no te aburro y te dejo acá la entrevista que está GENIAL

Afable, contundente, dice las cosas como son «tengo ventajas para decir las cosas porque soy insolvente, entonces nadie puede hacerme ningún juicio para sacarme plata y además, por la edad soy inimputable»

El objetivo de su venida a Paraguay (en el momento de ésta entrevista) fue aportar en la especialización de educadores que trabajan el tema de niñez y el consumo de crack.

En su momento presenció lo del Ykua Bolaños, contexto en el que ejecutó un trabajo para evitar situaciones de crisis en la 1ª navidad luego de la tragedia.

Hablanos un poco del concepto de desaparecid@s sociales

En Argentina se atiende mucho a l@s desaparecid@s polític@s que son 30.000. Resulta que en 30 años desaparecieron 300.000 por el hambre, por las enfermedades, por la desnutrición, entonces yo digo que también son desaparecid@s y que además puede evitarse que desaparezcan.

Se trabajó mucho con l@s desaparecid@s (polític@s) y nos pareció muy bien, pero el tema está en los que siguen desapareciendo, que son niñ@s muchas veces, no son militantes…entonces, en ese sentido yo me dediqué mucho a poder entender la psicología, la antropología del niñ@ de la calle que es distinta a nosotros, es un sujeto que está en la sobrevivencia minuto a minuto, no puede ensoñar ni esperanzar.

Si se está en la calle no se tiene historia, la historia es ese instante, sobrevivir a su instante. Entonces, es toda una problemática de la subjetividad, que está muy reducida porque siempre está atento a afuera y eso le da un déficit de identidad al chico o chica y el asunto es que se puede resolver dándole un lugar, un especio en el que permanezca, porque él está en ningún espacio y en ningún tiempo. Entonces vamos a decir que casi no existe como sujeto histórico.

¿Esto se entiende desde la mirada de la sociedad que no le reconoce como tal?

No, es él/ ella. Ell@s dicen «nosotr@s nos aguantamos el hambre, el frío, lo que no aguantamos es que nos miren como basura» Fijate vos, el ninguneo… verlos como si fueran una planta, un árbol, una piedra.

Además, ell@s están en ningún lado porque cada noche tienen que cambiar de lugar porque los persiguen o por algún delito terrible como que robaron 4 caramelos – ríe y agrega «ahora, si robás 1 millón de caramelos vas de ministro» – es estar afuera siempre, está encerrado afuera, lo contrario del preso que está encerrado adentro. Entonces eso hace que no tenga proyecto de vida, todo en su vida es sobrevivir ese instante.

Lo que quiero aclarar es que se puede rehabilitar. Con Bancapibes (hogar para chic@s de la calle en Argentina) conseguimos una casa vieja, hicimos que ell@s hagan una especie de camita con madera, muy poquito a poquito cada uno fue aceptando, adquiriendo el uso de una cama. Porque si vos le das una cama, no sabe qué es.

Usted también habla de la cama como símbolo de la historia personal que se construye

La cama le permite la ensoñación nocturna. Qué hice ese día y qué haré al día siguiente, teje la historia en ese lugar privado que es su dormitorio, donde puede dejar de estar atento a la realidad.

El chico/a de la calle nunca puede dejar de estar atento a la realidad, duerme con un ojo abierto y otro cerrado, entonces no puede ensoñar, memorar, ni esperanzar… no puede construir su historia. Es todo un trabajo de etapas, porque 1º si hace una camita después ¿dónde se acuesta? debajo de la cama, porque está acostumbrado a ocultarse.

Recién después de muchos meses se acuesta en la cama,  porque está acostumbrad@ a la sobrevivencia en una selva de cemento terrible que le es hostil.

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¿Cómo es la terapia que usted plantea?

Se trabaja en grupo. Ell@s ya en la calle existen en grupo, en Argentina se llaman las «ranchaditas»

Ranchada es como una especie de bandita, viene del lenguaje carcelario. «ranchan» junt@s, comen junt@s, es como una familia ortopédica, con eso sobreviven, sino sería para volverse loc@.

Una vez le pregunté a un chico que se llamaba «Huesito» ¿por qué se daba con la cola de zapatero? y me dice «¿qué querés? ¿que me vuelva loco? yo duermo donde vos pisás, donde vos caminás» me mató. Entonces quiere decir que se puede rehabilitar en grupo, como comunidad terapéutica dentro de un hogar que después lo ideal es que opere como una cooperativa de algún trabajo.

El trabajo es lo que organiza la vida, la familia y el trabajo.

¿Cómo se opera mientras inicia el proceso? es decir ¿durante el lapso en que ell@s trabajan la terapia grupal pero siguen insertos en esa realidad hostil que es la calle?

Nosotr@s l@s sacamos de estar cerca de la muerte, aunque a veces no les interesa morir, pues al no tener proyecto es como si estuvieran muert@s ¿no?

El tema es ese, que no tienen otra posibilidad más que la droga, porque les saca del horror de estar en el vacío existencial, entonces no les interesa morir.

No hablamos de cura, pero mientras tanto por lo menos l@s aliviamos.

Algun@s de pronto enganchan algún trabajo, se hacen cartoner@s especializad@s. De Bancapibes una 3ª parte se salvó, otra siguió mejor en la calle y otra parte la perdimos.

¿Se podría decir que ell@s recuperan la dignidad?

¿Qué dignidad? la identidad, porque la dignidad es esa una palabra casi burguesa. Lo que quiere es tener un proyecto en que la vida le sea una historia, no una sorpresa de cada día.

Como nosotr@s que tenemos una historia, tenemos un vínculo, formamos una familia y tenemos un trabajo; eso sí, la dignidad del pobre es el trabajo y su familia.

Recuperar la identidad es lo 1º porque es tan primario el daño que tienen, tan tremendo.

Al chico/a de la calle no lo encontrás porque no sabés qué edad tiene; tiene 12 años pero la experiencia de muerte, de sexualidad, de violencia que nosotr@s recién tenemos a los 30 o 40 años. Y de pronto vuelve a los 3 años porque regresó a las necesidades más básicas. No tiene edad, no está en ningún lado y en ningún tiempo.

Es un psiquismo muy especial que yo llamo conciencia acrónica, sin temporalidad. Y si un@ toma ese concepto que viene de la psicología existencial, entonces puede operar.

Sería un disparate tratarl@s con psicoanálisis pues este tiende a preguntar la relación de la madre con el hijo/a, su infancia – se ríe y enfatizá «¿qué infancia? si a los 3 años ya tuvo que ser adult@» – tiene que ser una terapia de crisis y comunitaria, nunca se puede salvar a un chico/a de la calle sól@, si vos lo tratás sol@, lo estás perjudicando porque lo sacás del grupito al que pertenece.

Allá en Buenos Aires, las más importantes son Retiro, Plaza 11 y Constitución, son las 3 estaciones de trenes. En Brasil son las Rodoviarias, acá las terminales.

La cuestión es priorizar los procesos comunitarios, pero no podemos obviar que hay historias particulares que se dieron en algún seno íntimo y que se tienen que trabajar

Correcto, pero la historia si no tiene un contexto vincular y de espacio-tiempo es la psicosis

¿Sabés lo que es la psicosis? cuando el psiquiatra te diagnostica y dice, desorientado en tiempo y espacio. Porque nosotr@s estamos aquí en este hotel y estamos haciendo esto ahora, hay un sentido. Y el único sentido que ell@s tienen a veces es sobrevivir con algunas pequeñas trasgresiones, pequeños robos que son de sobrevivencia…robar un pedazo de pizza no es un delito.

Asumiendo que lo comunitario es el ingrediente fundamental ¿cómo hacer para no perder de vista la historia personal?

La historia personal hay que reconstruirla, la de ell@s está hecha con jirones. Nosotr@s en nuestras vidas tenemos una historia en la que hay agujeros, partes vacías, partes confusas. En ell@s es casi todo agujero, ya sea porque a la mamá la conoció 2 años, al papá no lo conoció nunca, tuvo que cambiar 10 veces de lugar de vida.

Un nenito/a burgués/a nuestro si se le cambia de pieza ya se angustia. Y el chico/a de la calle… (se detiene y piensa la mejor manera de hacerme entender) …imaginémonos nosotr@s a los 8 o 9 años estando en la calle, encerrados en un afuera, sin poder de ningún adentro y ahí sobrevivir sin los padres y sin ninguna mirada que les dé identidad…pero, finalmente, se puede, se puede, se puede volver, especialmente si lo agarrás antes del desarrollo sexual, porque después de eso ya la identidad se va organizando y muchas veces en base a violencia porque es la forma de sobrevivencia, ya que no le dan, lo toman.

Términos: chic@ en la calle, chic@ de la calle. Un@ tiene hogar al que acude en la noche pero se pasa la mayor parte fuera. El otro/a vive en la calle

Son cosas muy diferentes, el chico/a en la calle no tiene de deterioro porque esa referencia nocturna le construye vínculos, temporalidad, etc.

Yo trabajo con el chico/a de la calle, el/la que está encerrad@ afuera. El/la que hace sus trabajos durante el día y de noche puede meterse para adentro, puede hablar, de lo que le pasó. En cambio el/la que está en la calle, está siempre en la sobrevivencia de ese instante, un animalito que está atento al ataque.

Al sistema le importa un carajo el chico/a de la calle, le importa cuando ese/a se vuelve violent@ y devuelve la violencia que sufrió. L@s chic@s est@s en Argentina «chic@s chorr@s» son muy violent@s, entonces yo digo, est@s chic@s son honest@s porque no se quieren quedar con la violencia que les dieron.

«Ésta violencia no es mía, se la devuelvo, señor/a burgués/a, porque soy honest@» y lanza una carcajada para aplacar la acidez de la verdad que dice

Es interesante lo del chico/a trabajador/a, porque si hay trabajo, hay vida y salud. Freud mismo, cuando le preguntaron qué era la salud, dijo «amar y trabajar»

Ést@s chic@s tienen una forma de trabajo y ya está, aunque estén en la calle, pero tienen un proyecto de trabajo y después pueden tener una pareja y luego una familia. La desocupación es la madre de todas las patologías.

En Argentina es terrible, ha hecho un proceso de regresión cultural, un lugar de mucha violencia, mucha locura, la inseguridad en las calles es terrible, entonces lo que pide la clase media es represión.

Hablar con Alfredo es despertar de un modo quizá un tanto doloroso.

Cambiar paradigmas es la consigna pues, meterse a intervenir sin tomar conciencia de que es un entorno que se conformó con códigos culturales diferentes a los nuestros, no es viable.

Como cuando, con semblante consternado le pregunté sobre el abuso sexual que sufren l@s niñ@s de la calle y cómo sanar esa herida que se abre una y otra vez. Él le quita todo dramatismo y dice «No es tan terrible porque dentro de la cultura el abuso sexual es algo corriente. Tod@s fueron abusad@s, en clase media un chico/a abusad@ puede sentirse devastad@. Tiene otro sentido, como el hambre, por ejemplo, un/a chic@ nuestr@ (de clase media) llega a tener hambre o llegan a abusar de él/ella y es un desastre, es una cultura distinta, es otro mundo. Y lo que hace el sistema es que manda trabajadoras sociales con consignas y con la mentalidad de clase media. Normas de higiene, por ejemplo, y el otro lo que quiere es comer antes que bañarse. Hay que lavarse los dientes, y resulta que no tiene dientes»

Podes ver el articulo original aquí.

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